
Nosotros, en cambio, nos hemos decidido por El Camino, un título de 1950, tan sencillo como la historia de unos traviesos niños ("el mochuelo", "el moñigo" y el "tiñoso") en un pueblo manchego de posguerra. Entre las virtudes de este libro imprescindible están las de ser un canto a esas cosas que definitivamente se van perdiendo como lágrimas en la lluvia: el mundo de la infancia, ahora tan sacudida por la publicidad y la televisión (todas las niñas quieren ser "spice girls" y los niños "backstreet boys"); la sencillez y la humildad, absolutamente arruinadas hoy en este tan narcisista mundo nuestro; y el mundo rural, con sus hermosos secretos hoy despreciados en esta estresante vida moderna donde todas las ciudades aspiran a ser descomunales Manhattans engullendo lo que encuentran a su paso.
Con un manejo admirable de la lengua española, escrita y hablada, Miguel Delibes nos ofrece en El Camino una inolvidable lección de vida, que estará presente en nosotros, aunque él haya dejado ya de estarlo.
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